lunes, 21 de marzo de 2011

Me siento ahogar en este mar de sangre, completamente revuelto de inquietudes obscenas y lascivia desmedida.
Es esta muerte que nos rodea, lo que nos hace enloquecer y perder la humana cordura, pero... ¿Para qué quererla? Seres inferiores, simples, llenos de miedos. Esa no es la esencia que reclamo desde hace tanto.
Una simple probada, una pequeña gota del elixir escarlata dejó mi ser a merced de la penumbra más obscura, sin misericordia, me reclama la pena de tu cuerpo y me arrastra hacia el pecado... ¿Pecado dicen? Eso no existe entre nosotros, solo la falta de disciplina y majestuosidad es la que me castiga, lastimando lo poco que me queda de alma cual látigo afilado de acero.
Solo ese líquido color granate que me ofreces con lujuria es capaz de devolverme aquello que anhelo, ese comienzo lleno de vida el cual se aleja de cada uno de nosotros, esa pieza de vida que no ha dejado rastros en la historia.
Los pensamientos blasfemos en los cuales me cobijo, son palabras que quisiera expresarte, pero la sanción por su enunciación destruiría tu esencia y no es algo que me de el lujo de permitir.
Por más que intente esconder estos sentimientos, aunque corramos tales peligros, hay algo que debo preguntarte...
¿Serías aquello que me apegue a este tiempo? ¿Lo que me llevara al pecado? ¿El que reclame el pesar de mi cuerpo y extraiga este líquido escarlata que tanto deseas?

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